detrásdesdeadentro
 
> publicidad la utopía que no dice su nombre
 
 
No entiendo por qué a esta época se le llama del "fin de las utopías" si es tan evidente el sitio principalísimo de la publicidad. Si por decirlo muy abreviadamente, la utopía ("No hay tal lugar") es el horizonte que infunde o propicia un sentido distinto de vida, el que contempla o adopta algo del universo publicitario se afila sabiendolo o no a la búsqueda de lo inalcanzable.
 

Registro y anticípo de las modas, conversión de los objetos de consumo en oblicgaciones colectivas, laboratorio de los gustos imprescindibles, espacio de las metamorfosis, desfile de los cuerpos y los rostros conónicos de cada generación, la publicidad es también el genuino espejo planetario del encanto.

"Hay que adquirir esta marca, cómo me divertiría vivir en esas atmósferas, quiero ser así de fotogénico, esta ilusión me corresponde".

Más allá de los productos específicos, e incluso de los estilos y las técnicas de las agencias, la publicidad es para sus espectadores la realidad concentrada en imágenes fulgurantes.

 
 

Nunca habrá, como en estos anuncios, un automóvil mas vertiginoso o una ropa tan desenfadada o un alimento que paladearemos en el Más Allá o un paisasje más expropiable por ojos turísticos o un banco confiable a una accióin mas generosa de gobierno. Y todo esto será tuyo si te resignas a que, una vez en tu poder, se distancie de lo esperado. Pero la publicidad trasciende logros y desiluciones porque no consiste tan solo -y tal es su secreto o su don utópico- en el festejo del producto irresistible, sino, muy fundamentalmente, en la apropiación simbólica de los seres y los escenarios de los anuncios. Poseer esa ropa está bien, pero con esos cuerpo y esos rostros; consumir esta bebida importa, pero en las atmósferas sociales del comercial. La publicidad pregona el éxtasis y de allí su dimensión a fin de cuentas volátil y su apoderamiento de los hechos y las situaciones. En la sociedad de consumo lo real es lo publicitario, y lo publicitario, al catalogar y agigantar los deseos, es lo más real.

Y LA NOCHE DE LOS PUBLÍVOROS ES EL ENCUENTRO ANUAL CON LOS ANHELOS Y LAS IMÁGENES ESENCIALES DEL SUEÑO DE ESTE MUNDO, LA PUBLICIDAD.

Carlos Monsiváis